Pensando el estado de derecho
Resumen
Una de las ambiciones más fuertes del espíritu humano es la de tener poder. Todavía más fuerte, creo yo, que la de la riqueza,
aunque uno pudiera pensar que son como dos caras de una misma moneda. La riqueza da poder y el poder da acceso a la riqueza.
Pero ambicionar poder o riquezas no es por sí mismo moralmente malo. Suelen señalarse dos deformidades morales de esta ambición —que puede ser noble—, a saber: que su búsqueda se convierta en una obsesión de tener más y más poder o que se conciba como un medio para hacer el mal o con fines egoístas.
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